Somos Paco y Rosa, somos de Madrid, y os preguntaréis ¿qué hacen unos madrileños con una casa en Llerena?
Pues… buena pregunta.
Fue hace ya bastantes años cuando viajamos a Llerena para que Paco conociera el pueblo de mi padre y la verdad, quedó prendado, no sólo por lo bonito de sus calles y la increíble historia que hay en ellas, también por el encanto de las personas que habitan en la ciudad, los llerenenses.
Tanto fue así, que cuando tuvimos oportunidad nos quedamos con la casa familiar e intentamos conservarla tal cual la conocíamos, con algunas mejoras y acomodos.
Gracias a las obras, conocimos a David y Patricia, y de ahí partió una gran amistad. Y una cosa llevó a otra… y nos vimos enfrascados en esta aventura junto con nuestros amigos, nuestra casa rural La Rosa de Llerena.
SOY ROSA
SOY PACO
¿Qué nos saca una buena sonrisa a los dos?:
¿Qué no nos gusta a ninguno de los dos?
Nuestra casa no es una casa nueva, es una casa con alma, con sus virtudes y defectos. Reformada recientemente, con todo lo necesario para el día a día.
El trato es totalmente personalizado, nos intentamos adaptar a vuestras necesidades particulares, teniéndonos disponibles al otro lado del teléfono desde la gestión de reservas con Rosa a la entrega de llaves por parte de Patricia.
Somos flexibles con las horas de entrada y de salida siempre y cuando las circunstancias nos lo permitan.
La casa la hemos ido reformando nosotros mismos, con mucho cariño, intentado preservar su estado original en todo lo posible, pero dotándola de las comodidades actuales, con mimo y detalle.
Hemos dejado el aspecto de las paredes irregulares de antes, de adobe y cal, que hacen que sea casa templada en invierno y más fresca en verano; Suelos de barro, con su pancita incluida; Viguería de madera allá donde había; La misma puerta de entrada con herrajes originales, e incluso una de las puertas de interior toda parcheada, que es una de las pocas puertas que existían antaño en casa.
No sé si sabéis que la estructura de una casa típica en el Sur de Extremadura se trata de una estancia tras otra, llamadas alcobas, todas seguidas, con arcos de separación entre unas y otras donde se colgaba una triste cortina de separación. De ahí que puertas, pocas. De hecho, ambos baños eran una alcoba cada uno, Y la alacena de la cocina, era otro de esos arcos de separación.
El patio, a la sombra de la propia MURALLA de Llerena, estaba dividido en varias estancias: patio exterior, pesebre y cuadra. Ahí se colgaba la ropa lavada, se cultivaban macetas y parra, descansaba el burro y se guardaban cosechas, utillajes y enseres. Y pasábamos buenos ratos charlando al fresco y jugando.
Ahora este patio es estupendo para charlar, comer, tomar el sol, el fresco, hacer una buena barbacoa, y dormir en su habitación fresquita de la muralla.
¿Sabéis que la cuerda que soporta la cabezada del porche se hizo en este mismo patio hace muchos años por el antiguo dueño de esta casa, nuestro tío abuelo?
Escuchamos y leemos todas las propuestas que nos van haciendo los huéspedes, las cuáles nos ayudan a mejorar nuestra casita.
La Rosa de Llerena cada vez la disfrutamos más.
CURIOSIDADES:
Entre todos los objetos antiguos que hay en la casa, hay 4 de ellos que han aguantado carros y carretas sin moverse de su sitio al menos 50 años o más, incluidas 2 grandes obras que se han realizado ¿te puedes imaginar cuáles pueden ser?
Estos objetos son: la puerta de entrada, la puerta que separa el baño de la salita, en la planta baja. La lámpara de cristal del zaguán y el Ave María que está colgado en el primer arco del pasillo.
La mayor recompensa es satisfacer a nuestros clientes y compartir su experiencia contigo.
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